Universidad Carlos III – Leganés (Madrid)
Del 19 al 22 de Septiembre de 2002
Tomás Balduino.
Obispo
Emérito de Goias (Brasil).
Encargado
de la Comisión de Pastoral de la Tierra.
Hermanas y hermanos:
Estamos llegando al fin. Nosotros, obispos, tenemos
un vicio de observar; de ahí el nombre “epíscopos”, algo así como “ojos de
arriba”.
Entonces, naturalmente, no sólo yo, ustedes, todos,
todas, han observado este fenómeno, este acontecimiento, que estamos viviendo
como un don del espíritu, como una gracia de Dios.
Pienso que hacía falta algo así en la Iglesia, por
todo aquello que pasó en la Iglesia, es necesaria una acción, una práctica como
ésta y estoy convencido de que ha sido suscitada por Dios, por el espíritu de
Dios. Gracias a Dios que estamos dentro. Pienso que este fenómeno tiene ya su
autonomía. No depende solamente de que haya ya un Concilio, de que el Papa lo
acepte o no lo acepte...
Son interesantes estas propuestas de Juan José
Tamayo, estas lecciones a partir de la historia, porque puede suceder lo mismo
para los próximos concilios.
Digo que tiene una autonomía porque hace un trabajo
propio, no solamente en función del Concilio, de prepararlo con todos los
detalles, como Leonard habló ya por ejemplo de una Constitución,
interesantísimo por cierto, pero esto es como un fermento de la Iglesia, de
todas las iglesias, porque esta es mi observación: este es un grupo que vive el
consenso, la unanimidad dentro de una diversidad enorme, desde Indonesia hasta
América Latina (aún hace falta África, como ya he dicho y también los hermanos
y hermanas protestantes, que sea un grupo ecuménico, nuestro grupo debe de ser
así).
Con esta certeza de llevar adelante esta dimensión de
la fe inserta en la historia, sin demasiada preocupación de la estructura. Debe
haber unas estructuras, como se ha dicho con razón, pero la comunidad antes de
ser institución ha de ser comunidad, como la de los primeros cristianos que
viven esta certeza de una fuerza dentro que quita el miedo. Esto es importante
porque el Poder se concretiza, se solidifica con el miedo. Antes era el miedo
del infierno, pero aún puede quedar el miedo de recibir una amonestación o ser
excomulgado...
Este grupo puede ser que esté siendo objeto de algún
proceso dentro de la Curia romana. No hay que tener miedo, el consejo de Jesús
dice que cuando la Iglesia tiene miedo le sucede como a Pedro y entonces en la
Iglesia se comienza a abrir una vía de agua en el barco, se comienza a perder
la fe, la esperanza, la confianza y entonces es necesario que el señor tome de
nuevo el timón.
Pienso que es propio de este grupo y es como una
marca inicial y que le marcará siempre la relación con el Concilio. Pienso que
en este grupo se tiene que hacer referencia al Concilio como un motivo
aglutinante para nosotros. Porque somos casi todos contemporáneos del Vaticano
II, marcado por la figura de Juan XXIII.
Entonces, Concilio y Concilio, no hablemos del
Sínodo. El conciliarismo es una cosa. Sínodo no nos gusta, no nos gusta el
Sínodo porque es un Concilio del Papa sin derecho a una fuerte deliberación.
Por lo tanto, Concilio siempre con libertad, incluso libertad con respecto al
Papa.
Que este sea un grupo que empieza el Concilio, no una
asamblea cualquiera. Es la cosa más revolucionaria dentro de la Iglesia. Por
eso le llegaron muchos a tirar de la sotana al Papa: ¿Por qué Concilio? ¿Por
qué? En este momento, él abrió las ventanas del aula, era invierno fuera y
dijo: Miren esto, hay que abrir las puertas, las ventanas, no sólo para dar una
palabra al mundo, sino para que el Espíritu, que está en todas partes, irrumpa
dentro de la Iglesia.
Es notable que aquí ya existe un modo de preparación,
estamos en el camino del Concilio. No somos los únicos.
Antes del Concilio Vaticano II los historiadores
pueden decir que ya había empezado la revolución dentro de la Iglesia: la
apertura al mundo del trabajo, el ecumenismo, los curas obreros, toda la
relación entre economía y humanismo, el mundo profano, los servicios..., eran
esfuerzos preciosos.
También hubo sufrimiento. Yo lo vi personalmente. Era
estudiante en Francia de Teología y Filosofía y mi provincial quedó sometido a
una decisión del Papa. Todas las tres provincias dominicanas quedaron sometidas
sin poder continuar aquellos trabajos.
Entonces, otra cosa importante, pensando en un
Concilio algunos dicen ¿Por qué un concilio, si no se terminaron de ver las
cosas del Vaticano II? Por eso, por ese preciso motivo. Porque hubo una regresión
fortísima y es importante rescatar aquello que está cancelado en el Vaticano
II.
Hablaba, por ejemplo, el otro día, a propósito de
“Pueblo de Dios”, ha desaparecido este concepto en la actual visión de la
Iglesia oficial. Porque Pueblo de Dios es pueblo de los pobres, de donde viene
la irrupción del Espíritu, no es de las clases medias, ni de los grupos del
bienestar. Los pobres son los que nos evangelizan.
Otro Concilio, sí, incluyendo las diversas
aportaciones, porque el tiempo camina rápido y ya estamos a 30 o 40 años del
Vaticano II. Ya es otro mundo. Es necesario mirar, es necesario comprender los
signos de los tiempos.
Hay que cuidar Somos Iglesia para no ser un grupo
hacia dentro, un grupo clerical, preocupado sólo por las estructuras, que tal o
cual cosa debe ser cambiada, cosas de dentro. No era éste el camino de la
primera comunidad de los cristianos. Si fuera así no habría habido mártires.
El Poder, la muerte, la destrucción de continentes
enteros sacrificados al dios Moloch, al mercado. Una vez estaba haciendo un
ciclo de conferencias pedido por CESEP, un comité católico para el desarrollo,
y tuve el privilegio de alojarme con los obispos de estar con ellos, incluso
una sola noche y les hacía una pregunta: En este momento de unificación de la
moneda se esperaba una palabra de la Iglesia ¿Dónde está? – Respondieron: ¡Ah,
mi hermano, nosotros estamos muy cerca de Roma! Silencio. O Roma dice o
quedamos en silencio.
Era momento de decir algo, porque es grave. “Bueno,
hay algo de interesante, como evolución y como progreso” –dijeron-; Sí, pero
hay otras cosas graves, potencia económica confrontando con otras potencias
económicas y todos hacen cuerpo con esto.
Que (Somos Iglesia) sea un grupo abierto al mundo,
esta sería la primera cosa. Pienso que si la Curia romana está preocupada por
algún cambio, por la colegialidad, porque estropearon todo dentro del Concilio
Vaticano II, por la ordenación de las mujeres, por ejemplo, bueno..., pero la
Curia romana estará bien preocupada si este grupo se confronta con la iniquidad
de este mundo. No va a ser sólo preocupación de los empresarios, de los que
tienen el dominio, las iglesias, algunas iglesias, la misma Curia estará muy
preocupada.
Para terminar, pienso que debemos partir de aquí con
un compromiso o varios compromisos. Ya salió en un documento de aquí un
compromiso en relación a la guerra de Irak. Se va a hacer un pronunciamiento
desde este grupo, gracias a Dios, pero ser semillas, ser semillas dispersas en
todas partes, este ha de ser nuestro compromiso.
Antes de venir aquí estaba pensando para ayudar a los
grupos, a otros grupos de referencia y a otros países, por eso hablé de TAIZÉ,
que ayudó mucho al Vaticano II, porque es muy ecuménico. Nosotros en Brasil
tenemos, cada año, una reunión de un grupo informal de obispos que se reúnen
como hermanos para pensar un poco sobre la realidad. Es un grupo muy respetado
por la Conferencia Episcopal, ellos preguntan con frecuencia qué cosas está
haciendo el grupo. No es un grupo clandestino. Está preparando con AMERINDIA,
por ejemplo, el año próximo, un Encuentro Latinoamericano recogiendo estos diez
años después de la última asamblea de Santo Domingo y proponiendo nuevos
avances.
Pienso que será una contribución valiosísima este
Encuentro de Madrid si puedo aportar a los obispos, para diseminar, porque como
tiene una autonomía esta nueva propuesta, es un fermento dentro de la Iglesia,
es necesario que lo haya en cada lugar, en cada país, tenemos grupos
interesantísimos en África, sobre todo en África del Sur, para llevar esta
buena noticia.
Nosotros no nos damos cuenta de todo lo que esto
significa. Con el tiempo lo veremos.
Que Dios nos ayude.