Otra Iglesia es posible

Encuentro Internacional para la Renovación de la Iglesia Catolica

Universidad Carlos III – Leganes (Madrid)

Del 19 al 22 de Septiembre de 2002


 

Nuevos Tipos de Familia

 

Roberto García

Taller de Araba de Somos Iglesia

           

 

Cuando Emilia me comentó que yo tendría que hablar de los diferentes tipos de familia en una mesa del Encuentro Internacional, inevitablemente pensé en la mía, me vinieron recuerdos de la infancia, cada cual tenía su rol, mi padre trabajaba mañana y tarde, mi hermano mayor le ayudaba en el trabajo, mi madre hacía y deshacía en casa (lavar, limpiar, cocinar) y también era ella la que manejaba el dinero, tal vez por aquello del matriarcado vasco. Recuerdo también que siempre nos decía “que no os falte la madre, porque una casa, – entiéndase también familia -, no se sostiene sin ella”. También recuerdo a compañeros de mi niñez, del colegio que no tenían padre, unas veces porque estaban en la cárcel y otras porque igual habían muerto. Lógicamente entonces, yo no le daba ningún significado a ello, ni tampoco me cuestionaba nada. Con esto quiero decir que ese modelo que llamamos  “tradicional” tenía sus variaciones.

 

A nadie escapa que la familia es una institución que ha ido cambiando con el paso de los siglos. En Génesis 14 nos encontramos que las familias de Abraham y Lot tienen que separarse porque no cabían en el territorio que ocupaban, de hecho se llega a decir que la familia del patriarca constaba de 318 personas entre pastores y servidores. Aquí descubrimos que el concepto de consanguinidad no está presente entre los miembros de la familia. Victoria Sau dice en su Diccionario Ideológico Feminista que en la familia siempre ha destacado una cabeza visible, un jefe, siempre varón que somete a la mujer para ser explotada y oprimida. La familia patriarcal, digamos la más conocida y abundante, ha sido y es un modelo de organización política.

 

Con la Ilustración del XVIII llegó la llamada familia conyugal en la que la mujer quedaba desamparada de la protección o refugio que podía hallar en otros miembros de la familia, casi siempre mujeres, ante algún abuso del marido. Con ello se afianzaron más los roles sexuales, se identificó el matrimonio con la familia y su función esencial fue la reproducción. (Flandrin – Orígenes de la familia moderna)

 

Paralelamente la Iglesia católica, se ha presentado siempre como familia, como la gran familia de los hijos de Dios que nos hace hermanos, pero sin lazos sanguíneos. Esa misma Iglesia que ha presentado y sigue presentando a la llamada Sagrada Familia como modelo a seguir por las familias católicas. Modelo a seguir que yo nunca he entendido bien, me explico. La familia presentada como modelo a seguir, está formada por la pareja, es decir, el matrimonio y un sólo hijo. La mujer siempre parece estar cosiendo, el padre trabajando la madera a todas horas y un niño de rizos y ojos azules jugando entre las azucenas con los pajaritos. Este es el modelo que se nos ofrece, lo hemos visto en pinturas, en vidrieras, películas, etc. Y ya sabemos que una imagen vale más que mil palabras y que queda más fácilmente registrada en el subconsciente.

 

Sin embargo si nos adentramos en cualquiera de esas únicas imágenes que descubren la misma y también única escena de esa familia y ahondamos en la tradición oficialista de la Iglesia romana, podemos decir que se nos propone como modelo a seguir una familia que se ha cerrado al don de la vida puesto que los padres no mantienen relaciones sexuales y tienen un único hijo (no tantos como Dios les dé) no procrean –cosa bastante rara en aquella época y realidad sociocultural-. Además según dicen el hijo que tienen no es natural. Me explico: es fruto de un acontecimiento extramarital que tuvo la madre. Del padre se podría decir que o es un calzonazos y se “la han dado con queso” o bien es un pobre hombre víctima del sistema patriarcal que debe ocultar lo ocurrido para evitar la mofa y el insulto por parte del resto del pueblo de Nazaret y aparentar lo que no es.

 

            Aterrizando en la realidad de hoy, no podemos olvidar el que yo denomino terrorismo de género mucho más virulento que ningun otro en nuestra sociedad. Son alrededor de 60 las mujeres asesinadas por sus parejas. Muchas más son las que son maltratadas, secuestradas, coaccionadas por sus parejas pero que en la mayoría de los casos no nos enteramos porque ni tan siquiera se denuncian esos actos por temor a represalias. Hasta ahora no se ha visto, salvo honrosas excepciones, ni al clero ni a políticos en funerales de mujeres asesinadas, ni en manifestaciones pidiendo justicia., tal vez porque no haya fotos y televisiones, tal vez porque no haya rentabilidad electoral. Más bien lo contrario, recientes declaraciones de la CEE que declara que el maltrato de la mujer por parte de su marido no es motivo de nulidad, o el gobierno que se niega a elaborar una ley referida al tema.  Vergonzoso. Esto sucede en el modelo patriarcal de familia, en esa familia en la que también se da el maltrato y la violación a los hijos e hijas menores. Insisto en este dato porque luego, en amplios sectores de la sociedad se darán razones para prohibir la adopción de niños y niñas por parte de parejas homo.

 

Y mientras la jerarquía eclesiástica se empecina en sus posturas, otras formas de familia, como aire fresco, van apareciendo, surgiendo sobre la base del amor y no de la tradición que obliga o de la presión social que marca los dictados a seguir. Cada vez más, nos encontramos con personas que -independientemente de su identidad sexual- desean ser madres sin necesidad de convivir con un varón, nos encontramos con  varones que desean vivir con otros varones  y educar a un niño que uno de los dos ha adoptado o tiene fruto de un matrimonio heterosexual anterior (cosa bastante corriente), o parejas de hombres y mujeres  que han decidido no tener hijos e hijas. Sin duda, los movimientos feministas y de liberación sexual han jugado y siguen jugando un papel importantísimo, sobre todo porque ponen al amor de esas personas como base de su unión, además de contribuir a la reflexión y cuestionamiento de realidades e instituciones que parecían ser inamovibles.

 

Recientes estudios,  para nada sospechosos, han dejado a las claras que los niños y niñas criados por parejas homo no muestran diferencias con respecto al resto de los niños y niñas. Esto es algo que ya se sabía, pues todos y todas conocemos a hombres y mujeres homosexuales (y  perdón por el uso de esta palabra que no me gusta nada) que son padres y madres de familia.

 

Aún así el trabajo que queda por hacer es mucho y complicado, son muchos los mitos y falsas creencias que quedan por romper, miedos por superar, asperezas que limar y sobre todo un gran caudal de amor, de valentía, de compromiso, de ternura  y de pelea por la justicia que sin duda encontrará sus cauces entre los hombres y mujeres que deseen un mundo más justo y más sano sobre todo psíquica y sexualmente hablando, en que las relaciones humanas sean más sanas, unas relaciones naturalizadas sin temores o suspicacias. Y también queda mucho por hacer en el campo de la teología y de la moral, ya que repetidas veces he podido oír a teólogos llamados progresistas que decían no haber impedimento para la bendición de parejas entre personas del mismo sexo siempre y cuando  sean estables, es decir, se está pidiendo un plus que a las parejas heterosexuales no se les pide, porque se les presupone, se trata de calcar el modelo heterosexista que como he señalado anteriormente tiene grandes carencias. Y también se nos presenta un reto debido a la ausencia de referentes de nuevas familias, pero ahí nos encontramos con la riqueza de esas diferentes realidades que hemos de ir construyendo.

 

Y si al campo no se le puede poner puertas, ¿por qué  sí al amor? ¿Por qué para formar una familia es necesaria la pareja? ¿Por qué la pareja, en su afán de crear familia tiende a cortar lazos con las personas que le rodean?

 

Para acabar no estaría de más un relato del evangelista Lucas que abre las posibilidades de familia:

 

Se presentaron su madre y sus hermanos, pero no pudieron llegar hasta Jesús a causa del gentío. Entonces le pasaron aviso: Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte.

Él les respondió: Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”

 

 

 

 

Roberto García

Taller de Araba de Somos Iglesia

Vitoria – Gasteiz, 20/09/02