Universidad Carlos III – Leganés (Madrid)
Del 19 al 22 de Septiembre de 2002
Religioso y sacerdote. Teólogo.
Prior del Monasterio de la Anunciaçao (Goias, Brasil)
Como
tenemos poco tiempo y estamos todos de acuerdo sobre este tema: una iglesia
acogedora y de iguales, del que ya hablamos ayer, no me siento obligado a
explicar teológicamente esto.
Yo puedo hablar de mi fe, de cómo yo vivo esto.
Para mi Iglesia quiere decir “koinonia”:
comunión, participación...
En este sentido, me ha ayudado mucho la palabra de
aquella teóloga feminista, (Rosemary R.), que hablaba de un discipulado de iguales;
y el discipulado de iguales (hombres, mujeres, laicos, curas), es importante
incluso porque en el inicio del tiempo del Nuevo Testamento no había ningún
ministerio claramente diferenciado del otro. Toda la comunidad era ministerial.
¿Qué quiere decir ministerialidad?
Quiere decir servicio. Pero hoy, “ministerio” tiene
otro significado. Cuando se dice ministro, ministra, se piensa en gobierno.
Cuando pienso: “soy ministro”, me pregunto ¿de qué
gobierno? ¿de qué país?
Mientras que, “yo soy ministro” ,significa “yo soy
diácono, servidor”. Y en estos aspectos
tenemos hoy que subrayar, que insistir.
Voy a hablar, como hice ayer, de una Iglesia que no
es de Cristiandad, Iglesias locales, de paz, donde todos somos hermanos y
hermanas. No veo que tengo yo, por ejemplo, para que mi mano sea mas santa que
la de otro ser humano.
Es
lo mismo. Todos nosotros somos como decía la carta de Pedro : “somos todos
portadores de la Bendición de Dios”.
Tenemos esta vocación, de ser testigos de la
Bendición de Dios en el mundo. Y en este aspecto, mi opinión es que tenemos que
empezar a hacer.
Ayer yo les conté un poco a ustedes la experiencia de
la comunidad en la que vivo, en Goias. Quiero decir que si ustedes van el lunes
o el miércoles a Goias, verán a una mujer en el altar, bendiciendo el pan en un
ágape ecuménico; y todos participan en aquella “Eucaristía”, en cuanto que es
una fracción del pan.
Y si van el jueves, van a ver a hermanos que son
laicos, leyendo el Evangelio, predicando. No, no hay esta diferencia.
Muchas veces me parece que nosotros somos
incoherentes y, perdónenme , no estoy acusando a nadie. Estoy proponiendo una
Revisión de Vida. Quiero decir: pedimos a la Iglesia institucional que
está muy alta, cosas que nosotros en el
día a día no vivimos. Muchas veces las relaciones entre nosotros son también
jerárquicas. Coherencia, más que lo que podamos pedir al Papa, a los Obispos...
Para mi el Papa es un hermano, un ministro del Señor.
Le tengo respeto, como le tengo respeto al Arzobispo de Constantinopla, al
Patriarca ortodoxo, al Dalai Lama. Para mi no hay problema. Les tengo respeto a
todos, Somos todos iguales. Respeto su opción ministerial. Pero no con una
sacralidad y una jerarquización que no es real, que Jesús no aportó al mundo.
La sacralidad de toda persona humana. Esa si que importa.