Universidad Carlos III – Leganes (Madrid)
Del 19 al 22 de Septiembre de 2002
Marcelo Barros[1]
Para mí es una gracia de Dios participar como hermano de ustedes de esto Encuentro Internacional para la Renovación de la Iglesia Católica.
Lo que hacemos aquí es profundizar mas los
criterios de esta esperada renovación. Creo que todos estamos de acuerdo que un
criterio básico para esta renovación es la opción por los pobres y excluidos
del mundo.
1. Opción o compromiso con los
excluidos del mundo
Ignacio Ellacuria, uno de los jesuitas
mártires de El Salvador, afirmaba: “la opción por los pobres es una de las
notas de la verdadera Iglesia de Cristo, al nivel de aquellas que definíamos
como: una, santa, católica y apostólica”[2].
La opción por los excluidos y la defensa de sus derechos, así como la práctica
eclesial que se sigue de esta forma de ser Iglesia, son elementos que dan
credibilidad à la Iglesia y posibilitan un fructuoso diálogo con el mundo.
Desde el Vaticano II, los papas y obispos hablan de “opción preferencial
por los pobres”. Eso aparece en muchos documentos eclesiásticos. Infelizmente,
aún si el hecho de hacer declaraciones algunas veces puede ser una importante
ayuda, la historia no cambia por efecto de documentos. En reciente texto preparado para la ASETT (Asociación Ecuménica de los
Teólogos del Tercer Mundo), José Comblin denuncia que, actualmente, en Roma,
toma cada vez más poder una forma de burocracia que produce documentos sin fin para justificar su existencia. Pero su
razón de ser, como la de todas las
burocracias, es aumentar su poder. Por eso difícilmente puede trasparentarse
algo cristiano en medio de toda esa inmensa producción de papel impreso.
En una carta al papa Juan Pablo II, el obispo Pedro
Casaldáliga afirma: “no podemos decir que ya hemos hecho opción por los pobres.
En primer lugar, porque no compartimos en nuestras vidas y en nuestras
situaciones la pobreza real que ellos experimentan. Y, en segundo lugar, porque
no actuamos, frente à la “riqueza de la iniquidad” con aquella libertad y
firmeza adoptadas por el Señor. La opción por los pobres que nunca excluirá a
la persona de los ricos – ya que la salvación es ofrecida a todos y a todos se
debe el ministerio de la Iglesia – si excluye el modo de vida de los ricos, que
es un insulto a la miseria de los pobres, y excluye, más aún, su sistema de
acumulación y privilegio, que necesariamente expolia y margina a la inmensa
mayoría de la familia humana, a pueblos y continentes enteros”[3].
Para que la opción por los pobres sea profunda, la
Iglesia debe no solamente ser para los pobres, sino de los pobres. En Medellín
(1968), los obispos latinoamericanos han propuesto: “Que se presente cada vez
más nítido, el rostro de una Iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual,
desligada de todo poder temporal y comprometida en la liberación de toda la
humanidad y del ser humano en su integridad” (Med. 5, 15 a). No se puede tratar
de opción por el pobre como un rico que opta por el pobrecito. Los sectores
populares de Iglesia hablan más de inserción y compromiso con la liberación.
Una dificultad que la Iglesia tiene para vivir eso es el hecho de seguir
aprisionada al modelo autoritario y colonialista de Cristiandad con el
eclesiocentrismo que de ahí dimana.
2. Por una
Iglesia liberada de la cultura de cristiandad
En América Latina, las comunidades de base
y los movimientos de pastoral popular tomaron
en serio lo que decía el Concilio Vaticano II y, de hecho, rompieron con la sociedad de cristiandad,
buscando vivir la vocación profética cristiana como pobres y en medio de los
empobrecidos, cosa que las Iglesias del Primer Mundo no se atrevieron a hacer y
que la burocracia romana logró impedir al defender su política de alianza con
los poderes en la sociedad occidental heredera de la cristiandad.
Comblin enseña que la cristiandad es una sociedad
integrada, pretendidamente unificada, en la que las clases y categorías
sociales tienen que integrarse y desaparecer como tales. No hay lugar
privilegiado para los pobres. La palabra-clave siempre fue y todavía es
“unidad”. La teología de la cristiandad es una teología de la unidad,
considerada como integración desde los ricos y poderosos. Inevitablemente se
destaca el aparato institucional, símbolo, instrumento y figura de la
cristiandad, pensada como si fuera el mismo cristianismo. “La teología
latinoamericana de la liberación no adaptó la teología cristiana a una
circunstancia: Descubrió la verdadera teología ocultada durante siglos por la
estructura de cristiandad y su cuadro intelectual. Redescubrió lo esencial del
cristianismo, su mensaje central. ¿Como pudo hacerlo? Porque rompió con la
cristiandad, con el sistema colonial, el sistema eclesiástico. Fueron
perseguidos incluso por la jerarquía, pero no cedieron porque sabían que habían
descubierto una verdad que quedó ocultada durante siglos”[4].
Actualmente esta cultura de cristandad se
caracteriza por la manutención del Vaticano como Estado y del papa como jefe
político. Pero, en lo cotidiano de la vida eclesial, se manifiesta más por la
insistencia en un modelo de Iglesia internacional y centralizadora que sigue su
política colonialista y despreciadora de las singularidades y diversidades
legítimas de cada Iglesia local. Hablar de Iglesia local debería ser un
pleonasmo. Es como decir “círculo redondo”. Toda Iglesia es local. La Iglesia
Universal es la comunión de Iglesias locales. El cardenal Kasper ha defendido
eso como doctrina del Vaticano II. Optando por la eclesiologia de cristiandad,
no hay forma de romper con el sistema colonial y opresor de los pueblos que Jon
Sobrino clasifica tan bien como “pueblos crucificados”.
Uno de los principales motivos de la oposición del
Imperio Romano a la Iglesia cristiana, venia de su oposición à las sinagogas,
porque estas no integraban en su fe el culto imperial, pero también porque se
hacían como “asociaciones de apoyo recíproco” que por las leyes del Imperio
eran prohibidas y ilegales[5].
Socialmente, las Iglesias primitivas eran como las sinagogas en la diáspora:
como “sindicatos” de gente pobre, paroiké, o sea, extranjeros residentes
del Imperio. En nuestro mundo neo-globalizado, las Iglesias deberían retomar la
misión de ser comunidades alternativas de inclusión y solidariedad.
Muchos aún piensan la
Iglesia como algo que existe en función de si misma y non como signo y
instrumento del Reino de Dios. Solamente una mística del Reino de Dios puede
fundamentar una Iglesia abierta a otras Iglesias y religiones; una Iglesia, en
servicio al pueblo y testigo de la justicia.
En 1963, para un documento de estudio del Consejo
Ecuménico de Iglesias, el pastor Georges Casalis escribió: “Para ser fiel al
Evangelio, la Iglesia debe aceptar ser una realidad secundaria. Para el
Nuevo Testamento, la Iglesia es una realidad secundaria. Ella nace donde se
reúnen dos o tres que reconocen la presencia y acción salvadora de Dios en el
mundo y aceptan ser testigos de eso. Lo importante es la acción de Dios en la
historia; acción que no depende de la Iglesia. Así siendo, la Iglesia no existe
para si misma, sino para los que no son cristianos. Por eso, la Iglesia nunca
puede quedarse en una especie de orgullo espiritual. Ella es solamente la
porción del mundo consciente del amor divino por todos. Su primer deber es
testimoniar este amor, siendo muy abierta a toda la humanidad y especialmente a
los que no creen”[6]. Su misión
es diálogo. La Iglesia es por eso mismo esencialmente ecuménica.
3. Por una Iglesia verdaderamente católica
Católico quiere decir universal y es sinónimo de
ecuménico. En los primeros siglos, la Iglesia Católica supo salir de su origen
semita para adaptarse à la cultura greco-romana y à la realidad del Imperio Romano.
Después, perdió esa capacidad y no hizo lo mismo cuando necesitó dialogar con
las culturas amerindias, con las culturas orientales y africanas. Hasta hoy,
toda Iglesia Católica es aún por demás
occidental. Habla los idiomas de los pueblos con acento extranjero. Karl Rahner
decía que la característica de la Iglesia al entrar en el tercer milenio, era
hacerse verdaderamente universal[7].
Ser capaz de desoccidentalizarse.
Infelizmente, en las dos ultimas décadas, ella se occidentalizó más aun. Por la
acción del pontificado de Juan Pablo II que promueve una neo-cristiandad, sino
también, y eso es más triste, por una servidumbre antiprofética de la mayoría
de los obispos, teólogos y agentes de pastoral. Ahora, sin una
desoccidentalización y una verdadera inculturación de las Iglesias locales, no
es posible hablar de renovación de la Iglesia, ni menos aún de diálogo
ecuménico.
De que universalidad se trata? En tiempos de
“globalización” neo-liberal, la verdadera universalidad es globalizar la
solidaridad, por la comunión con los excluidos del mundo. Las comunidades
eclesiales de base y los movimientos de pastoral popular practican eso. Como
dice Edgar Morin: “pensar localmente, actuar globalmente”. Es esta dimensión de
universalidad solidaria que fundamenta una espiritualidad macro ecuménica, o
ecuménica no solamente en relación a otras Iglesias, sino también con otras
religiones y culturas. Esta “ecumenicidad” es eje fundamental de la fe
cristiana y es una forma de vivir la eclesialidad.
En un documento por ocasión del Sínodo sobre Asia, la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia
declaró: “La base principal de la teología del diálogo es la certeza de la
universalidad de la gracia de Dios. Dios Se da y sobre eso, nosotros, seres
humanos, no podemos tener ningún control. (...) Por eso, debemos conocer lo que
Dios dijo y sigue diciendo de mil maneras. Consagrarse a eso es una forma de
prestar honor à la gracia divina”[8].
Es lo opuesto al sectarismo. Es un universalismo de
amor y respeto, única base posible para
el diálogo ecuménico. La unidad que la Iglesia quiere non es de si misma. No se
trata solamente de un ecumenismo intereclesial cristiano, ni del
macroecumenismo, la unidad interreligiosa. Estos pasos son medios y estrategias
de una unidad que es la meta de la Iglesia: la unidad de la humanidad a partir
de la solidariedad con los empobrecidos y la justicia. La meta de este
ecumenismo humanizador fue definido por el Consejo Ecuménico de Iglesias: “Paz,
justicia y defensa de la creación”.
Es verdad que la Iglesia tiene poco desarrollada una
verdadera mística de paz. Los discursos del magisterio eclesiástico sobre Paz
quedan aún vagos y sin una base de compromiso concreto de justicia. La cuestión
ecológica es también hoy un reto importante para nuestra fe. Fue tambien la
civilización “cristiana” que más destruyó la naturaleza.
En el inicio de este mes, ocurrió en Johannesburgo
la Cúpula Mundial sobre la Tierra y el Desarrollo Sustentable. Allí estuvieran
presentes 193 naciones, de las cuales 105 representadas por su autoridad
máxima, presidente, primer ministro o rey. Además de eso, participaran 86
delegaciones internacionales, con 7.200 delegados oficiales y cerca de 40 mil
participantes. Durante diez días, todos han discutido como erradicar del mundo
la pobreza y como garantizar el desarrollo social en respecto à la protección a
la naturaleza. Cuales la participación de las Iglesias cristianas en este
proceso? Ya hace dos años, Leonardo Boff estuvo en un equipo internacional,
responsable por la elaboración de una “Carta de la Tierra” que seria el
equivalente a la Carta de los Derechos Humanos, una ley sobre los derechos de
la Tierra. Esta carta no llegó a ser sometida à la aprobación de la ONU porque
ni fue aprobada por las comisiones previas. En todo este proceso, la jerarquía
de la Iglesia Católica fue siempre una gran ausente. Actualmente, un ecumenismo
fundamental y urgente es esta comunión con la Tierra.
4. La Iglesia-red en el Forum social de la humanidad
Ciertamente, la presidencia de la Conferencia
Episcopal Brasileña no hizo toda esta reflexión eclesiológica cuando decidió
apoyar y ser uno de los organismos promotores del 1º Forum Social Mundial. De
cualquier forma, tuvo la apertura para eso y desde el 2º Forum diversos obispos
participan de oficinas y seminarios del Forum. No conozco ninguna otra
conferencia episcopal que diera este apoyo y presencia a un organismo plural y
alternativo al sistema oficial de este mundo, como es el Forum. Entretanto,
participar y colaborar activamente del Forum Mundial es una forma de poner la
Iglesia a servicio de una nueva orden internacional, lo que es esencial y
urgente.
Talvez hay quien se pregunte: Participar de eso es
misión de Iglesia? La teología de la liberación comprende la Iglesia como servidora
de la humanidad. Por eso, debe ser presente y actuante en encuentros como este.
Pero, hay otro motivo para que nosotros cristianos nos sintamos concernidos por
esta causa. Es que el actual sistema socioeconómico que hace tantos males à la
humanidad fue generado y creció en una sociedad que se piensa de cultura
cristiana. Muchas veces, la Iglesia - jerarquia y fieles – fue cómplice de los
gobiernos y estructuras sociopolíticas responsables por esta tragedia. En el
fin de su vida, diversas veces, vi Dom Hélder Câmara entristecerse a punto
casi de llorar cuando decía: “Y son gobiernos de países que se dicen
cristianos los que hacen eso”...
¿De que sirve hablar de derechos humanos
individuales y desconocer los derechos de pueblos y comunidades originarias?
¿De que le vale la Iglesia defender derechos liberales si los valores que
enseña no garantizan derechos básicos como comer, habitar, cuidar de la salud y
trabajar dignamente?
El Forum Social Mundial puede ser verdaderamente la
semilla de una nueva organización de la sociedad civil internacional. La ONU
está cada vez más frágil y aprisionada a los intereses del gobierno americano
que oficializa cínicamente una política unilateral. Las leyes internacionales
sirven para todos, menos para los americanos. Es urgente un nuevo orden social
mundial, una Organización Mundial de los Pueblos y no solamente de los
gobiernos. Tal organización tendrá ciertamente una gestación lenta y dolorosa
por causa del inmenso pluralismo cultural y social de los pueblos y sus
organizaciones de base. El encuentro del Forum es un ensayo para eso.
Para los pastores de una Iglesia de cristiandad es
difícil participar de una orquesta cuando no pueden ser directores de la
sinfonía. Además de eso, es necesario convivir con una inmensa diversidad
ideológica y cultural. Es necesario superar prejuicios de muchos militantes
políticos que identifican religión con lo que hay de más reaccionario y opresor
en el mundo. Participar del Forum supone la humildad de empezar un nuevo diálogo
con la humanidad y como simples parceros de este diálogo.
Un
importante reto que el momento actual del mundo aporta a las Iglesias y
religiones es la acusación de que esta cultura de violencia que masacra los
pueblos, e incluso esta vaga de terrorismo actual, tiene cierto componente
religioso. En carta enviada al 2º Forum Social Mundial, decía el escritor José
Saramago: “De algo siempre deberemos
morir, pero ya se perdió la cuenta de seres humanos muertos de las más
terribles formas que seres humanos fueron capaces de inventar. Una de ellas, la
más criminosa, absurda, la que más ofende la simple razón, es aquella que,
desde el principio de los tiempos y civilizaciones, ordena que se mate en
nombre de Dios”. Diversos intelectuales inculpan lo
que denominan “el factor Dios” como responsable por violencias y injusticias
del mundo.
Para el 3º Forum en enero de 2003, la ASETT,
Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo quiere participar más
profundamente. La opción de los hermanos y hermanas de coordinamiento de ASETT
es participar lo más posible de los grupos de oprimidos (campesinos sin tierra,
indígenas, negros, etc) y no estar en el Forum con un encuentro nuestro
particular. Pero si piensa en hacer un encuentro ecuménico de teología en la
misma ciudad y ambiente del Forum, dos o tres días antes del inicio de este
grande encuentro de la humanidad. Para los días del Forum, se prevé con la
Coordinación Internacional del Forum, la posibilidad de realizar con
personalidades importantes de diversas religiones y culturas una mesa redonda
sobre: “El factor Dios, sensibilidad solidaria y la construcción de la paz”.
También estoy encargado de preparar un culto interreligioso por la Paz.
La finalidad de esta relación que les hago es
provocar el diálogo y por eso no debo buscar una conclusión definitiva. Lo que
pienso es que este encuentro toma el
lema del Forum Social Mundial. Decimos que “una otra Iglesia es posible” porque
creemos que “un otro mundo es posible”. Este encuentro es una importante
contribución para hacer con que la Iglesia sea de tal forma que parezca este
ensayo de un mundo nuevo. Una Iglesia, espacio de comunión para toda
humanidad.
[1]
- Marcelo Barros es monje benedictino, prior del Monasterio de la Anunciación
del Señor, en Goiás, Brasil. Es teólogo y escritor. Tiene 26 libros publicados en Brasil, algunos
traducidos en otros países. Está ahora presentando "El Espíritu viene por las Aguas" (La crisis mundial
del Agua y la Espiritualidad Ecuménica) Ed. CEBI- Rede. Email: mostecum@cultura.com.br
[2] - ELLACURIA I., Las Iglesias latinoamericanas interpelan la Iglesia de España, en Sal Terrae 70, (1982), p. 221.
[3] - CASALDÁLIGA, P., Carta al papa Juan Pablo II, in Iglesias 60, (1988), p. 31.
[4] - COMBLIN, J., La
Teologia de las Religiones desde América Latina, capítulo de un libro de
ASETT sobre Teologia del Pluralismo Religioso y Teologia de la Liberación,
ASETT, vol I , a salir por Ed. REDE e Loyola, 2002.
[5] - Cf. HOONNAERT, E., A Memória do Povo de Deus, Col. Teologia e Libertação, Petrópolis, Vozes, 1986, p. 89.
[6]
- CASALIS, G., L’Église “réduite à sa plus simple expresión” , in
CONSEIL OÉCUMENIQUE DES ÉGLISES, Vers une Église pour les autres, Ed. Labor et Fides, Genève, 1966, p. 74-
75.
[7] - RAHNER, K., Sollecitudine per la Chiesa, Roma, Ed. Paoline, 1982, p. 484 - 485.
[8] - FEDERACIÓN DE LOS OBISPOS DE ÁSIA, Lo que el Espíritu dice à las Iglesias, in SEDOC, julho 2000, p. 12.