Otra Iglesia es posible

Encuentro Internacional para la Renovación de la Iglesia Catolica

Universidad Carlos III – Leganes (Madrid)

Del 19 al 22 de Septiembre de 2002


 

HACIA UNA IGLESIA ACOGEDORA Y DE IGUALES

                                                       

Keiko Tanahara.

Laica. Madre de familia. Coordinadora del encuentro de migrantes (Peru)

 

 

I) INTRODUCCION:       

             

Seguramente todos estarán extrañados de oirme hablar en castellano, con esta cara oriental y venida del Perú según la presentación.  Me explico, lo que pasa es que soy japonesa crecida en el Perú  desde los diez años y vuelta a migrar a Japón en busca de trabajo.  De modo que me presentaré como “terrícola “ o “ciudadada del mundo”.

 

Desde mi experiencia de transitar los tiempos históricos que me tocó vivir, convertida en trabajadora migrante en el Japón desde hace un poco más de diez años, me gustaría compartir mis experiencias desde este colectivo, como laica, casada con hijos, disculpándome que no pueda presentarla con tanto énfasis en el aspecto de género ya que soy de esa generación que creció percibiendo desde muy pequeña, que era toda una ventaja ser varón y gran desventaja ser mujer.

 

Es más, muchos momentos hubieron de mi juventud que en lugar de cuestionar la discriminación, lamentaba no haber nacido varón, pese a vivir la juventud en pleno auge de los movimientos populares participativos en el contexto del marco post-concilio Vaticano II.

 

Constatación cotidiana de una estructura social que privilegia al hombre postergando a la mujer, me subleva, pero no por ello he logrado liberarme de la tara machista.  Y es más, mi conexión en el colectivo de los trabajadores migrantes no es precisamente desde la perspectiva de género, mucho menos antagónicos y enemistados, pues me parece de mayor urgencia trabajar por cambiar las estructuras sociales cuya base económica tiene una concepción de competencia desigual,  injusta, alienante, consumista y excluyente, que las reivindicaciones de igualdad entre los géneros vendrían como consecuencia natural de implementar la justicia en forma estructural, mientras tanto, es cuestión de ejercer la igualdad aunque fuera sin la anuencia de muchos.

             

II)  EL FENOMENO DEL TRABAJO MIGRANTE EN EL JAPON:

 

La escasez de trabajo en los países del sur obliga a migrar al norte en busca de trabajo. Trabajo que obliga al migrante a aceptar sin poder poner condiciones, sino lo que  unilateralmente le imponen a modo de:  “lo tomas o lo dejas”.

 

El fenómeno del trabajo migratorio se inició en el Japón, como país receptor, a mediados de los años 80, cuando la industria japonesa requería de mano de obra extranjera con urgencia.  Trabas en la política de recepción de esta mano de obra, impiden el ingreso de trabajadores de los países asiáticos en el sector de la producción; mientras que brasileños y peruanos descendientes de japoneses emigrados a esos países en el siglo pasado, son los que cubren la falencia de mano de obra de las fábricas, en un movimiento migratorio que significa cruzar medio globo terráqueo. 

 

La recepcion de mano de obra extranjera en el Japón se caracteriza por tener una legislación basada en criterios selectivos por lazos consanguíneos, que en junio de 1990 entra en vigencia, permitiéndo el ingreso de los hijos y nietos de japoneses nacidos en el extranjero, cuya etadía es larga de tres años y de un año respectivamete, no  tienen restricciones en sus actividades en el Japón, de tal manera que están permitidos incluso de trabajar en labores no calificados.

 

 Del Asia, acceden a un visado de ingreso legal las mujeres en calidad de entretenedoras por un período de noventa días máximo, es de suponer que luego de la gira de entretenimiento vuelven a su país de origen, pero, muchas siguen quedándose con la visa vencida y continuan trabajando.  Con el correr del tiempo contraen matrimonio con japoneses y acceden a un visado por cónyuge luego de largos trámites de aplicación; los hombres acceden al visado si se enmarcan en el marco de la demanda en trabajos calificados específicos con contratos empresariales,  de modo que un gran número de trabajadores migrantes ingresan en calidad de turistas y prolongan su estadía con la visa vencida y acceden a trabajos “sucios, peligros y pesados” sin seguridad social y por un salario bajo, condiciones tales que no aceptarían los trabajadroes nativos.

 

La ley de inmigración tiene manejo de un doble standard de selección de trabajadores extranjeros, origina un gran número de trabajadores llamados “ilegales”, obligando a los trabajadores del tercer mundo a convertirse en trabajadores vulnerables a todo, presa facil de los traficantes de seres humanos,sin protección legal dentro del primer mundo.

 

              La globalización económica es la madre del cordero del trabajo migrante, y en los últimos años, el trabajo migrante va tornándose de carácter femenino, ya que por un lado las empresas transnacionales trasladan sus instalaciones fabriles a los países donde la mano de obra es barata, y la demanda del trabajo migrante en el primer mundo, se va centrando en el servicios.

 

              Una mujer migrante trabaja fuera de su país para mantener a su familia, además de hacer el trabajo doméstico, criar hijos, etc., carga con las consecuencia de un sistema económico y social sin ser la responsable.

 

              .  Los trabajadores latinoamericanos de ascendencia japonesa tienen estadía legal pero a nivel de las condiciones laborales muy pocos son los que cuentan con la seguriad social tales que en caso de quedar despedido pueda contar con un seguro de desempleo o en caso de llegar a la edad de la jubilación pueda contar con la pensión correspondiente; pese a la inestabilidad laboral y la inseguridad consecuente, los trabajadores migrantes latinoamericanos y de otras nacionalidades han iniciado un proceso de establecimiento en el Japón reuniéndose con su familia, luego de haber experimentado dos o tres años de separación en que el padre venía a trabajar solo.  Proceso de reunificación familiar y establecimiento cuya sola presencia y existencia clama por una acogida a nivel de iguales con respeto a su dignidad y todos los derechos humanos.

 

 

III) CONSTATACION DE HECHOS EN TORNO A LOS MIGRANTES, SU JUICIO A LA LUZ DEL SEGUIMIENTO A CRISTO:

 

              En la decada del noventa, la sociedad japonesa experimenta de pronto la presencia de trabajadores extranjeros, y a la vez su minoritaria iglesia católica de pronto se vió irrumpida por los pobres del sur que acude a las parroquias a celebrar su fe, con todas las religiosidades propias de las regiones mundiales de procedencia; los peruanos con su procesión del Señor de los Milagros, los filipinos con la escenificación de la vía crusis, etc., que impactan y mueven a la iglesia y a la sociedad en su conjunto.

 

La irrupción de los pobres del tercer mundo en los países del norte rico en busca de trabajo como producto de la globalización, en Japón le llamaron internacionalización en sus inicios; hoy, a nivel de organizaciones civiles ya se habla de una convivencia, aprendizaje y aceptacion de la diversidad, no exigir al extranjero a asumir los valores culturales japoneses a ultranza como solía ocurrir en el pasado.  La sociedad en su conjunto percibió el fenómeno del trabajo migrante, y la Iglesia Católica en particular fue impactada con la presencia cada vez más numerosa de fieles venidos de países del Asia y de America Latina, que en algunas Diocesis llegaron a superar el número de fieles nativos. 

 

Inesperadamente se vio en el compromiso de asumir esta presencia que luego se tornó en tarea de acogida y ahora, un gran reto de construcción de una iglesia solidaria con toda la gama diversa de culturas que confluyen en las comunidades parroquiales.

 

En una sociedad que lo cristiano es minoría y en los años que lleva el proceso inmigratorio en el Japón, la acogida al hermano/a se concretó de un lado, en un asistencialimo social (prestación de servicios de interpretación/traducción, acompañamiento en procedimiento para acceder a los servicios sociales existentes, consultas sobre conflictos laborales, visita a los centros de detención y toda vida humana cotidiana); y por el otro lado, en lo que se dio en llamar trabajo “pastoral” ( administración y registro de los sacramentos, catequesis, celebración eucarística en diversos idiomas, interrelación con la comunidad parroquial,etc.).

 

En ambos esfuerzos existentes entre los nativos y los inmigrantes, percibimos un poco de malestar por lo siguiente:

 

1) una relación vertical compartimentalizada entre el/la que DA la acogida, y el/la que RECBE el apoyo;

2)      una concepción restringida del trabajo pastoral al aspecto sacramental,

3) reduccionismo del buen cristiano como el que  “socorre al necesitado” desde un punto de vista asistencialista vertical; el no entendimiento de la solidaridad como un proceso igualitario de construcción de justicia en las relaciones sociales, interpersonales, e intergéneros;

4)      la falta de práctica democrática tanto en la sociedad como en la iglesia, no permiten articularse en un trabajo integral solidario de construcción de la comunión de comunidades.

 

Una relación paternalista vertical que crea dependencia encubierta con la apariencia del buen samaritano trunca una participación igualitaria, justifica y perpetúa la jerarquización existente, sustenta el status quo, e impide la emancipación de los sujetos para una participación y protagonismo de los propios migrantes en su proceso de liberación, postrándolos a la  calidad de menores de edad incapaces de valerse por sí mismos o se les considera ciudadanos de segunda categoría. 

 

 

IV) TAREAS Y RETOS DESDE EL COLECTIVO DE LOS MIGRANTES HACIA UNA IGLESIA ACOGEDORA Y DE IGUALES:

 

Los migrantes que hoy sentamos presencia lejos de nuestra patria, en esta sociedad mundial, queremos una iglesia que camine junto a nuestras esperazas de una sociedad justa, democrática y solidaria.  Y queremos participar en la construcción de ella, para hacerla acogedora y de iguales.

 

Nos toca como tarea constituirnos en comunidades de base en la nueva tierra que nos acoge, comunidades de base donde podamos ver, jugar y actuar a la luz de las enseñanzas de Cristo y celebrar nuestra fe junto a nuestros hermanos del país que nos acoge. 

 

Por ello, a nuestros hermanos que nos acogen les queremos proponer:

-Un trato horizontal como iguales, que respetándonos las diferencias, juntos podamos trabajar y pensar la construcción de una comuniad cristiana donde poder celebrar nuestra comunión en Cristo.  Que es requisito indispensable el trato igualitario desde el inicio mismo del proceso conciliar.