Otra Iglesia es posible

Encuentro Internacional para la Renovación de la Iglesia Catolica

Universidad Carlos III – Leganes (Madrid)

Del 19 al 22 de Septiembre de 2002


Filo Hirota

Religiosa japonesa.

 

MESA REDONDA

 

HACIA UNA IGLESIA ACOGEDORA Y DE IGUALES

 

Ser mujer en la Iglesia

 

Estuve en el Sínodo de Asia celebrado en el Vaticano en 1998. Eramos 16 mujeres entre 252 que incluían al Papa, los presidentes de los 25 dicasterios de la Curia Romana, cardenales, arzobispos, obispos, monseñores y superiores generales de las congregaciones masculinas que estaban sentados según su rango. Solo ministros ordenados pudieron participar con pleno derecho. Ellos tenían 8 minutos para su intervención mientras nosotras auditor@s teníamos cinco minutos. Quise aprovechar mis cinco minutos que era el único momento en el que todos te prestaban atención, ya que yo me estaba sintiendo casi transparente e invisible, durante  todo el tiempo de las cuatro semanas del sínodo.

 

La FABC y su compromiso con la situación de la mujer

 

Sentía la responsabilidad de transmitir lo que la Iglesia de Asia a través de la Federación de las Conferencias Episcopales había pronunciado sobre la participación de la mujer.  La Federación organiza su asamblea plenaria cada cuatro años, en la que participan no solamente los obispos y sacerdotes,  sino tambien religiosos/as y hombres/mujeres laicos y laicas.  El pronunciamiento final de cada asamblea plenaria refleja bien la reflexión, la praxis y el compromiso de una Iglesia minoritaria en un continente que abarca hoy casi 2/3 parte de la humanidad.

 

Cito de la Asamblea Plenaria de 1986 celebrada en Tokyo, Japón.

Es no solamente una necesidad humana,  sino un imperativo evangélico,  que la mitad de la humanidad sea reconocida con su dignidad reestablecida y que ellas puedan ejercer su papel con justicia en la sociedad y en la Iglesia.  La Iglesia está llamada a ser un signo creíble de la dignidad y libertad de las mujeres en la sociedad y en la Iglesia.

 

Del 1997.

No podremos promover, con eficacia y credibilidad, nuestra vision cristiana sobre una vida plena,  si la Iglesia,  como comunión de comuniones,  no desarrolla su energía moral y espiritual para convertir y transformar la mentalidad y las estructuras,  erradicando las prácticas que niegan la dignidad de la mujer y la niña que es  don de Dios. El imperativo pastoral urgente es que las mujeres ejerzan su derecho a la coresponsabildad y mutualidad,  con los hombres,  en la sociedad y en la Iglesia.

 

Dije en el sínodo: la Iglesia en Asia tiene un rostro predominantemente femenino. En muchos países, las mujeres somos 70-80% de los miembros más activos en las parroquias y organizaciones eclesiales. La presencia de mujeres en las actividades pastorales, en los servicios a los pobres y marginados, en el compromiso de la Justicia, Paz, Integridad de la Creación, en las relaciones ecuménicas e inter-religiosas y en las acciones solidarias para promover la dignidad e igualdad de mujeres, hombres y niñ@s,  ha sido significativa e importante en Asia.

 

Como he dicho,  los pronunciamientos de la FABC reflejan la realidad y las experiencias de la Iglesia. Si unos documentos oficiales de la Iglesia jerárquica han podido articular su compromiso desde la perspectiva de género, es porque detrás de los pronunciamientos existe la trayectoría de luchas de compañeras de la base, existe el trabajo de redes y de colaboración con otras organizaciones y grupos que comparten el mismo compromiso por una sociedad donde las relaciones se basan en los valores de participación, equidad, justicia y solidaridad incluyente, compasiva y liberadora.

 

La Iglesia en Asia es una Iglesia sumamente minoritaria y pequeña en el mar de otras religiones. Salvo las fFlipinas que es el único país católico, el promedio de la población católica es menos de 2%. Es por eso que la Iglesia de Asia identifica su manera de ser Iglesia en términos del Triple Diálogo: diálogo con los pobres, con las culturas y con las  religiones.  De los cuatro niveles de este diálogo: diálogo en la vida cotidiana, diálogo de compartir la experiencia de Dios, diálogo teológico y diálogo como compromiso por un mundo más justo, la colaboración en la area de JPIC siempre ha sido muy significativa. La crítica realidad del mundo de hoy nos exige una gran necesidad de aunar las fuerzas y hacer todo lo posible para que otro mundo alternativo se haga realidad. Desde Asia como mujeres en la Iglesia, nos sentimos llamadas a seguir trabajando con todas y todos para democratizar todas las relaciones y estructuras y universalizar los valores de nutrir-proteger-sostener y respetar la vida.

 

Y la misma experiencia de este tipo de diálogo inter-religioso e inter- cultural nos señala la necesidad urgente de mirar nuestra Iglesia a la luz de los mismos valores que buscamos y exigimos para la sociedad.

 

El desafío de ser creíble

 

Y si es así, ya no podemos permitir que la Iglesia siga con el dualismo que hace distinguir entre la cuestión de la justicia en el mundo y en la Iglesia. Hablamos de  credibilidad. Cuando la mitad de la humanidad esta deshumanizada, somos profundamente empobrecidos, dijeron los/las participantes de la reunión organizada por la Oficina del Laicado de la FABC. Y este empobrecimiento es sufrido por la Iglesia también. En una conferencia pública dada por el presidente de unas de las Congregaciones de la Curia Romana en diciembre pasado,  una hermana nigeriana preguntó al cardenal sobre la posibilidad de estudios teológicos abiertos a mujeres. Fue una pregunta seria que venía de las experiencias de discriminación y marginación. No pude creer lo que oían mis oídos cuando el cardenal dijo: ¡Mujeres! Deo gratias. ¿Tengo que decir algo más? Desgraciadamente, es lo que pasa muchas veces. Nosotras, hermanitas, somos buenas para servir, apoyar, ayudar y obedecer. Muchas gracias, hermanita. ¿Tengo que decir algo más? Repito, que es cuestión de credibilidad.

 

A los participantes del sínodo reiteré las recomendaciones de la Oficina de Laicado de la FABC y la Organizacion Asiática de Religiosas: que se debe introducir en los seminarios la teología desde la perspectiva y las experiencias de la mujer se debe introducir en los seminarios y que los miembros masculinos de la Iglesia deben descubrir y crecer en las actitudes y sensibilidades “femeninas” para que su servicio sea plena y genuinamente humano y cristiano. Si la Iglesia es Madre, sus ministros deben aprender a ser maternales. Reiteré la recomendación que dice que los futuros sacerdotes deben ser formados para que sepan aceptar a mujeres como discípulas y compañeras en igualdad,  en su trabajo de evangelización.

 

A veces me preguntan: O sea que quieres ser sacerdote, obispo o cardenal? Mi respuesta siempre es: no, no en ESTA Iglesia. No estoy hablando solo de la cuestión de participación sino una transformación profunda estructural de la Iglesia. Una Iglesia donde las palabras como la justicia, la participación, la igualdad, la mutualidad, la comunión sean unas experiencias vividas con unas estructuras que facilitan las experiencias.

 

Compartimos este desafío de ser creíbles con las compañeras y hermanas de otras organizaciones y movimientos. La cultura machista existe en todos los paises como una cultura aceptada. ¿Cuántos veces tenemos que oir comentarios como: no pareces como japonesa. Feminismo es algo americano o europeo? Nos falta ir más allá de las propias culturas y de lo que la gente hace y piensa. Y si soy discípula de Jesús, su Palabra y su práctica me confirman y apoyan mi determinación y convicción.

 

Termino citando al Papa en su mensaje a la mujer en 1995.

El, pidiendo perdón, en el nombre de la Iglesia, por los errores y la falta de sensiblidad perpetuados contra la mujer en la Iglesia, dijo: que esta contrición sea transformada, por  parte de toda la Iglesia,  en un compromiso renovado de la fidelidad a la visión evangélica.

 

Repito que es cuestión de credibilidad.