Universidad Carlos III – Leganes (Madrid)
Del 19 al 22 de Septiembre de 2002
Laico.
Secretario General del Foro Cristiano de Comunicación de Jakarta y del Comité
Indonesio de Religión y Paz.
La Iglesia en Asia es una Iglesia fundamentalmente de “Diálogo”. Primero, presentaré una breve
explicación de la visión sobre la renovación de la Iglesia en Asia.
El nuevo milenio es
el tiempo de crisis. Por eso, es el tiempo de nuevos comienzos y movimientos
como indican la Sagrada Escritura y la historia de la Iglesia. 30 años de la
historia de la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia (FABC) ha sido toda una serie de acciones hacia una
Iglesia renovada. Observamos
ocho movimientos que constituyen esta visión.
1.
Movimiento
hacia una Iglesia de los pobres y de la juventud. Si vamos a situarnos al lado
de los multitudes de nuestro continente, debemos estar cerca de la realidad de
la pobreza en nuestro estílo de vida. Debemos defender los derechos de los desfavorecidos contra todas las
formas de la injusticia. En
este continente de los/las jóvenes, debemos estar con y en ellos, siendo la
Iglesia de la juventud.
2.
Movimiento
para ser una Iglesia genuinamente local, una Iglesia que se incarna en el
pueblo, una Iglesia indígena e inculturada, una Iglesia de diálogo con las
grandes tradiciones religiosas de nuestros pueblos, con todos los pueblos, especialmente
con los pobres.
3.
Movimiento
hacia una profunda interiorización para que la Iglesia sea una comunidad orante
cuya contemplación es inserta en el contexto de nuestro tiempo y culturas de
hoy. Una Iglesia integrada en la vida cotidiana. La vida de oración auténtica
engendra el testimonio inconfundible de servicio y amor.
4.
Movimiento
hacia una comunidad auténtica de fe. Plenamente enraizada en la vida
Trinitaria, la Iglesia en Asia debe ser la comunión de comunidades de
participación auténtica y coresponsabilidad: unida con sus pastores, conectada
con las comunidades de otras religiones y con la comunión universal de la
Iglesia santa del Señor. El movimiento de las Comunidades Eclesiales de Base en
Asia expresa un profundo deseo de ser una comunidad de fe, amor y servicio,
abierto a construir comunidades humanas de base.
5.
Movimiento
hacia una evangelización activa e integrada con un sentido nuevo de misión.
Evalizamos porque creemos que Jesús es el Señor y Salvador, la meta de la
historia humana, el gozo de todos los corazones y la plenitud de todas las
aspiraciones. En esta misión, la Iglesia tiene que ser acompañante compasiva de
todas las personas en Asia, la servidora del Señor y de todos los pueblos en
este caminar hacia la vida plena en el Reino de Dios.
6.
Movimiento
hacia el empoderamiento de hombres y mujeres. Debemos trabajar para que hayan
unas estructuras participativas de la Iglesia para que los talentos y
capacidades de hombre y mujeres laicos/as sean utilizados. Empoderados por el
Espíritu y por los sacramentos, los/las laicos/as deben involucrarse en la vida
y misión de la Iglesia para llevar la Buena Nueva a los campos políticos,
económicos, de educación, salud, los medios de comunicación. Todo esto requiere
una espiritualidad de discípulado para que tanto el laicado como los clerigos
puedan trabajar juntos según su rol espécifico en la misión comun de la
Iglesia. La Iglesia no puede ser el
signo del Reino y de la comunidad escatológica si los frutos del Espíritu a la
mujer no se reconoce y la mujer no comparte la libertad de la hija de Dios.
7.
Movimiento
hacia un involucramiento activo para generar y servir la Vida. La Iglesia debe
responder a las fuerzas de muerte que existen en Asia. Por el discípulado
auténtico, la Igelsia tiene que compartir su visión sobre una vida plena
prometida por Jesús. Es una visión de vida con integridad y dignidad, con
compasión y atención a la tierr; una visión de participación y mutualidad, con
un sentido de respeto a lo sagrado, de paz, armonía y solidaridad.
8.
Movimiento
hacia el diálogo triple con otras religiones, los pobres y culturas.
Al articular “la
demanda creciente de la misión de la Iglesia en el cambio del siglo”,
necesitamos entender con mayor claridad la visión sobre la misión propuesta por
la FABC en términos del triple diálogo. Diálogo es el constante para la misión
de la Iglesia en Asia.
Diálogo es la
manera fundamental de ser Iglesia en Asia. Ecclesia in Asia (EA) dice:
diálogo es el modo característico de la vida de la Iglesia en Asia. (EA 3) El diálogo de vida hace que la Iglesia esté
enraizada en Asia por su manera participativa. Para una inculturación verdadera
y dinámica, la participación e imersión
ocurren en y a través del diálogo de vida, es decir, los contactos cotidianos,
las relaciones espontáneas en familias, con vecinos, en trabajo, en los
esfuerzos de colaborar para el bien común.
El diálogo de
vida debe entenderse con amplitud. Se hace posible en pequeñas acciones de
colaboración y los grandes movimientos populares en las diferentes areas de la
vida social para la promoción del bien común. En estos esfuerzos, se descubren
los recursos liberadores para que haya mayor armonía entre los pueblos.
La Iglesia puede
ser verdaderamente evangelizadora solamente a través del diálogo de vida donde
existen el respeto a la humanidad, sus culturas, sus tradiciones que son frutos
del Espíritu. El diálogo de vida es el lugar del discernimiento del Espíritu.
La misión evangelizadora de la Iglesia requiere este discernimiento.
Escuchando a la manera y las acciones del Espíritu,
aprendemos los imperativos concretos de la misión. Significa que la Iglesia se preocupa no solamente de la ortodoxia
sino también de la ortopraxis que necesariamente involucra ortopresencia. En el
diálogo interreligioso, aprendemos de la sabiduría y la herencia de otras
religiones y culturas que sostienen y fortalezan la praxis continua del
diálogo. Para el futuro del diálogo, la virtud Budista de reverencia y el
principio de apertura a la verdad es necesaria. Estas virtudes no son solamente
los principios filosóficos sino la manera de vivir y espiritualidad.
La Iglesia de
Asia se caracteriza por el diálogo. Uno de los primeros requerimientos del
diálogo es escucha. Escucha es una espiritualidad y experiencia de fe. Escucha
como espiritualidad exige kenosis. Solamente en kenosis, la persona puede ser
abierta al misterio del otro, sobre todo a las sorpresas del Espíritu. Escucha
nutre relaciones.
Una Iglesia del
diálogo debe crecer en la actitud genuina e intensa de escucha. Cuando la
Iglesia promueve la cultura de diálogo, promueve una espiritualidad de escucha
como la característica fundamental de todas las relaciones humanas. No podemos
construir comunidades eclesiales o humanas sin la cultura y la espiritualidad
de escucha. La contribución de la Iglesia a la sociedad puede y debe ser desde
esta cultura y espiritualidad del diálogo marcada por escucha. El diálogo es “un
deber y desafío” de toda la Iglesia (EA 31)
El diálogo constituye un modelo de relaciones intercultural-religiosas. Significa, también, que, sin el diálogo, la práctica de la justicia y el amor es imposible. Podemos afirmar que la praxis del diálogo verdadero es la praxis del mandamiento de amor. Se puede decir que la praxis del diálogo es un acto de la evangelización.
El diálogo verdadero acepta al otro tal como es con su dignidad y libertad. Es el elemento esencial del amor verdadero que no utiliza al otro.
En el diálogo Inter.-religioso, mantenemos abiertos a la fe en la universalidad del amor de Dios que llega a los pueblos y las religiones respondiendo al misterio de lo Ultimo en la economía de la salvación. El diálogo es el diálogo de la salvación. Al compartir nuestra fe en Jesucristo en el diálogo, no podemos excluir las experiencias religiosas de nuestros prójimos en su tradición religiosa (cf. Juan Pablo II)
El diálogo Inter.-religioso significa el crear las relaciones Inter.-religiosas basadas en la humanidad y la comunión de las tradiciones de fe. Esta tarea incluye, también, la construcción de una sociedad justa, humana y compasiva. La armonía de relaciones es el fundamento de la armonía Inter.-religiosa.
El ser humano es Inter.-humano verdadera y efectivamente. Nuestra humanidad crece y florece cuando las relaciones son humanas y fraternas. De la misma manera, el ser religioso auténticamente requiere ser Inter.-religioso. Así, aprendemos a ser co-reponsables en acciones colaborativas de solidaridad para responder a los grandes problemas que afectan Asia. La justicia social, la paz, los derechos humanos y la ecología son los desafíos comunes para todas las religiones.
Las religiones deben unirse para promover las acciones a favor de una sociedad justa, humana y solidaria. “Religiones no deben ser el pretexto para conflictos, sobre todo, cuando una identidad religio-cultural y étnica coincide. La religión y la paz van juntas. (Juan Pablo II)
Las personas y grupos de diferentes religiones, comprometidos pueden reunirse para promover acciones concertadas a favor de los derechos humanos, la armonía comunal, la paz y la protección del medio ambiente. Estas acciones y movimientos son los signos de las esperanza.
El diálogo Inter.-religioso significa un peregrinar juntos hacia una sociedad de la armonía que sana, reconcilia y libera en un mundo lleno de conflictos y tensiones. A través del diálogo, las personas se encuentran como amigas y hermanas, fortaleciendo la comunión. Evangelizamos y somos evangelizados mutuamente.
El gran desafío del diálogo Inter.-religioso para las iglesias locales en Asia es que son enraizadas en la realidad ecuménica e Inter.-religiosa y en la vida de Dios que es el Diálogo por excelencia. Las iglesias son comprometidas al Reino de Dios y su crecimiento entre los pueblos. El ser Iglesia en diálogo es, en sí, una expresión de evangelización que cubre muchas áreas.
En Asia, las relaciones Inter.-religiosas enraizadas en el compromiso por la causa del Reino es una de las exigencias más importantes de la misión de la Iglesia.
Esta importancia de la misión se hace todavía más urgente en la presente situación de las diferentes formas del fundamentalismo, cultural, religioso, nacionalista, que rompen la solidaridad y comunión.
En los países donde existe el brote nuevo del fundamentalismo, se desarrollan las campañas a favor de la homogeneidad cultural y nacionalista. Hindutva del fundamentalismo hindúes de la India, amenazando una sociedad secular, pluralista y democrática según de la Constitución del país. El mismo fenómeno se observa el mismo fenómeno en los países de Asia donde la población musulmana es la mayoría. La islamización promovida por los fundamentalistas margina a la población no musulmana como los ciudadanos de la segunda categoría y el objeto de la persecución.
Cuando decimos NO a estas fuerzas, profesamos no solamente el legitimo derecho a ser libres como iglesias, sino también nuestra fe en relación con otras personas y sus tradiciones religiosas y sus derechos. Profesamos la justicia, la dignidad, la libertad, el amor y solidaridad con todos/todas a la luz de los valores evangélicos. Cuando nos comprometemos a la armonía Inter.-religiosa, hacemos el trabajo evangélico y evangelizador.
Los líderes de la Iglesia deben promover la formación del diálogo para todo el pueblo de Dios, sacerdotes, laicos/as y religiosos/as ya que la misión de la Iglesia se realiza solamente a través del diálogo. Cada cristiano/a en Asia debe crecer en el diálogo. La Oficina del diálogo Inter.-religioso y ecumenismo de la Federación de las Conferencias Episcopales de Asia y sus contrapartes en los países de Asia organizan programas de formación para todos/todas.
El apostolado del diálogo sigue siendo la obligación y desafío para la Iglesia en Asia hoy. La formación de la fe, la catequesis, las comunidades eclesiales de base, y todas las instancias de la educación deben promover el diálogo Inter.-religioso como la prioridad en la misión evangelizadora de la Iglesia en Asia.