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La Corriente
Somos Iglesia

-Historia, balance y perspectivas-

 

(Desde su origen hasta 1999)

-DOCUMENTO publicado en abril del 2000-

 

ÍNDICE

 

Introducción.

 

1ª PARTE: HISTORIA DE LA CORRIENTE SOMOS IGLESIA.

 

1995: Origen de la iniciativa.

- El Manifiesto de los cinco puntos.

 

1996: Constitución de I.M.W.A.C.     

 

1997: La Corriente Somos Iglesia en nuestro país.

- Ajustes en la dinámica de la campaña.              

- Presentación de firmas en el Vaticano.    

 

1998: Iglesia y Derechos Humanos.

       - 2º Manifiesto de la Corriente Somos Iglesia.

 

1999: Fin de una etapa. Comienzo de la siguiente.

       - Pronunciamientos públicos.

       - Encuentro internacional en Santa Severa (Italia).

- Segundo encuentro estatal de Somos Iglesia, en Torrox (Málaga).

 

2ª PARTE: BALANCE DE UNA ETAPA.

 

         Personas y colectivos que convergen en la Corriente.

 

La comunicación con otros sectores de Iglesia.

 

Relaciones con personas “no –creyentes”.

 

Estrategia de comunicación.

- Objetivos y estilo.   

- Medios de Comunicación.         

- Los Servicios de Comunicación.         

 

Organización.

- La Red de Enlaces y el Consejo.

- Dinámicas locales y sectoriales.        

- Extensión de Somos Iglesia: “Pasa la corriente”.

 

Cuestiones delicadas.    

- Las identidades cristiana y eclesial.    

               - Las identidades nacionales.

 

3ª PARTE:  EL TRIENIO 2000-2002: PERSPECTIVAS.

 

¿Hacia dónde nos dirigimos?

Convergencia, articulación y autonomía.

Hacia un nuevo espacio internacional de coordinación.

Estado español.

-    Hacia una «asamblea cristiana por el cambio»

-   Hacia una red de diálogo Iglesia-Sociedad.

-   Ideas para la práctica.

 

       Manifiesto para el trienio 2000 – 2002: Vino nuevo en odres nuevos.

 

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1ª PARTE: HISTORIA DE LA CORRIENTE SOMOS IGLESIA

 

Introducción.

 

   En este documento hemos sistematizado un proceso de trabajo a lo largo de cinco años (finales de 1995 – mediados del 2000). Con él queremos ofrecer una herramienta para reflexionar sobre la naturaleza, sentido y realidad de la Corriente Somos Iglesia.

 

   Sin duda nos dejaremos muchas cosas en el tintero: es difícil resumir en un cuaderno de este tipo una experiencia tan densa en contenidos, prácticas y emociones. No pretendemos que sea exhaustivo, sólo que sea razonablemente útil para seguir profundizando en la tarea que nos hemos propuesto: contribuir a la transformación de la Iglesia católica y de la sociedad en una doble perspectiva complementaria. Los anexos desarrollan la información.

 

   Invitamos a que sea leído con calma, detenidamente. Daremos la bienvenida a todo tipo de opiniones (se nos pueden hacer llegar por correo electrónico o correo postal). Tenemos interés en poder evaluar en qué medida lo que aquí presentamos tiene utilidad y consecuencias prácticas para sus destinatarios.

 

   Este escrito va dirigido a todas aquellas personas que, antes o después, han conectado con la Corriente Somos Iglesia, identificándose en términos generales con sus ideas y prácticas. También puede servir a quienes tienen curiosidad en un proceso que habla de los esfuerzos de un sector de la Iglesia católica para abrirse a una nueva realidad social y eclesial, intentando ser consecuente con sus ideales. A todos puede servir para acceder a una visión global sobre lo qué viene siendo la Corriente Somos Iglesia, elaborada tomando en consideración las aportaciones de muchas personas. A todos y todas, gracias por vuestro interés.

 

 

Servicio de Comunicación de la Corriente Somos Iglesia.

Abril del 2000

 


1995:Origen de la iniciativa.

 

   La expresión “Somos Iglesia” se utiliza en Austria en 1995, como título de un manifiesto en el que se recogen los anhelos de amplios sectores de la Iglesia católica austriaca, profundamente dolidos por el comportamiento autoritario de sus obispos y del Vaticano. El Manifiesto nace en un contexto de escándalos que tienen eco en la prensa internacional, en el seno de un proceso acelerado de alejamiento masivo de fieles respecto de su Iglesia, decepcionados por la inflexibilidad y autoritarismo de su Jerarquía. Muchos consideran que la conducta eclesiástica dominante se ha distanciado gravemente de los hombres y mujeres de esta época, haciendo gala de un talante poco evangélico.

 

   El Manifiesto sirve de base a una amplia campaña de recogida de firmas, que pronto trasciende las fronteras de Austria, logrando una fuerte repercusión en Alemania y en otros países de Europa y  de América. El objetivo era conseguir un amplio respaldo con firmas que avalaran el descontento generalizado y la demanda de reformas expresados por millones de católicos de todo el mundo. Al finalizar la campaña,  sus resultados se ofrecerían como testimonio a las instancias oficiales de la Iglesia y a la sociedad.

 

   La campaña es presentada en Madrid por el teólogo Hans Küng, en el Congreso de Teología, organizado por la Asociación de Teólogos Juan XXIII, en septiembre de 1995. A partir de ese momento, se inicia en el Estado español la recogida de firmas y el apoyo al conjunto de iniciativas de la campaña internacional.

 

 

 

MANIFIESTO “SOMOS IGLESIA”:
 LA REFORMA QUE ANHELAMOS

(1er manifiesto de 5 puntos, surgido en Austria en 1995 y base para la posterior constitución del Movimiento Internacional Somos Iglesia –IMWAC-)

 

 

   Nos duele el hecho de que el acceso al auténtico mensaje de Jesucristo se hace hoy más difícil para muchos por circunstancias de la Iglesia Católica actual. Una crisis puede contener el germen de un ocaso, pero también la oportunidad de un renacimiento lleno de futuro. Los firmantes de este manifiesto esperamos que la crisis actual de la Iglesia Católica sirva para una reforma ya hace tiempo anhelada.

 

   Con nuestra firma apoyamos la exigencia de una renovación de la Iglesia en el espíritu de Jesús, renovación que ha de venir también y esencialmente de la base. En particular, nos solidarizamos con las siguientes metas y anhelos del pueblo eclesial.

 

1.      Construcción de una Iglesia fraterna.

* Igual dignidad de todos los creyentes: superación del abismo entre clero y laicos. Sólo así recuperará su vigencia la pluralidad de dones y carismas.

* Coparticipación y codecisión de las Iglesias locales en las designaciones de obispos. El obispo a designar debe gozar de la confianza del pueblo.

 

2.       Plena igualdad de derechos de la mujer.

* Coparticipación y codecisión en todos los gremios eclesiales.

* Apertura del diaconado permanente a las mujeres.

* Acceso de las mujeres al ministerio sacerdotal. La exclusión de las mujeres de los ministerios no se puede fundamentar bíblicamente. La Iglesia no puede prescindir por más tiempo de la riqueza de capacidades y experiencias vitales de las mujeres, incluso en los puestos de dirección.

 

3.       Libre elección entre formas de vida celibataria y no celibataria.

* La vinculación del ministerio sacerdotal a la forma de vida celibataria no es obligatoria desde el punto de vista bíblico y dogmático, sino algo histórico y por ello cambiante. El derecho de las comunidades a la celebración eucarística es más importante que una regulación eclesiástica.

 

4.       Valoración positiva de la sexualidad como parte importante del ser humano creado y aceptado por Dios.

* Reconocimiento de la decisión responsable de conciencia en cuestiones de moral sexual (por ej., la regulación de la concepción).

* No igualación de las regulaciones de la concepción y el aborto.

* Más humanidad, en vez de condenas globales en lo relativo a la homosexualidad o a las relaciones prematrimoniales.

* Frente a las fijaciones en moral sexual, más acento en otros temas importantes, v. Gr.: la paz, la justicia social, la defensa de la naturaleza.

 

5.       Mensaje de alegría en vez de mensaje de amenaza.

* Más acompañamiento y solidaridad, que ayuden y den ánimo, en vez de normas que angustian y causan estrecheces.

* Más comprensión y disposición conciliadora hacia personas en situaciones difíciles, que podrían emprender un nuevo camino (por ej., divorciados que contraen nuevo matrimonio, sacerdotes casados sin ejercicio ministerial), en vez de dureza inmisericorde.

 

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      Los puntos mencionados son metas que la Iglesia, por razón de su misión, del mensaje de Jesús y de las exigencias de nuestro tiempo debería alcanzar tan pronto como le sea posible.  Esperamos que al menos sea posible un cambio gradual en esa dirección. Con él, la Iglesia podría volver a ganarse la confianza perdida.

 

 

 

1996: Constitución de I.M.W.A.C.

 

   El apoyo internacional al Manifiesto se extiende con rapidez y éste se convierte en un símbolo, con el que se identifican muchos de los que reclaman cambios en la Iglesia católica, en la dirección que comenzó a apuntar el Concilio Vaticano II, pero cuyo proceso sufriría una profunda involución durante el Pontificado del Papa Wojtyla.

 

   Fruto de la internacionalización del Manifiesto y de la campaña de recogida de firmas, en noviembre de 1996 se constituye en Roma el Movimiento Internacional Somos Iglesia (IMWAC, siglas en inglés del “International Movement We ar Church”). Su objetivo es animar la convergencia de los diferentes colectivos que se identifican con el contenido del Manifiesto, promueven su difusión y la recogida de firmas.

 

   A partir de ese momento, se inaugura un nuevo espacio de coordinación internacional que agrupa a personas y colectivos eclesiales de Austria, Alemania, Brasil, Italia, Francia, , Holanda, Portugal, España, Reino Unido, Tirol y EE.UU. A medida que su proceso avance irán uniéndose al Movimiento Internacional Somos Iglesia  grupos de diferentes países de ambos hemisferios.

 

1997: La Corriente Somos Iglesia en nuestro país.

 

   En nuestro país, tras la presentación pública del Manifiesto de cinco puntos en septiembre del 95, se lleva a cabo un trabajo de difusión y debate en torno a él. Algunos teólogos  españoles apadrinaron la iniciativa y articularon en sus comienzos la recogida de firmas.

 

   En un primer momento, el Manifiesto recibe una acogida más bien templada de una parte de los sectores cristianos críticos y progresistas del Estado español. Algunas voces expresaban su escepticismo de que sirviera realmente para impulsar cambios en la Iglesia, a causa de la actitud inmovilista y de sumisión a Roma, sobradamente demostrada por nuestros obispos. Había quienes opinaban que, como mucho, serviría para un lavado de cara de la Iglesia, más que para una auténtica transformación. Otros criticaban que el Manifiesto no recogiera de forma explícita y nuclear el necesario compromiso de la Iglesia con los pobres y su liberación.

 

   Sin negar los potenciales riesgos de la campaña y las insuficiencias del Manifiesto, algunas personas y colectivos cristianos vimos en esta iniciativa la oportunidad de revitalizar el pensamiento y la acción crítica en relación a las estructuras de nuestra Iglesia.

 

   Compartíamos también la idea de que en una nueva coyuntura social (neoliberalismo, globalización...) y eclesial (final de un pontificado...) era necesario recuperar la acción profética respecto a los ideales de una Iglesia más fraterna, comunitaria y de iguales, afirmando, cuando menos, la existencia y legitimidad de una Iglesia plural en muchas de sus concepciones y prácticas, aunque unida en lo fundamental. Varias fueron las lecturas que nos animaron a seguir adelante con la campaña:

 

   La primera veía en su carácter internacional la oportunidad de enlazar, en una misma dirección, los esfuerzos de cristianos y cristianas críticos y progresistas de distintos lugares del mundo.

  

   La segunda era que podía hacer converger, en torno a ella, a sectores de Iglesia muy diversos, unidos en el afán común de transformar sus estructuras: seglares, religiosas, sacerdotes..., en general personas de diferentes colectivos, integradas de muchas maneras en la Iglesia, junto con otras personas alejadas de ella por decepción, o por haber sido excluidas de forma autoritaria.

 

   La tercera tenía que ver con sus contenidos –los cinco puntos-, pues ponían de relieve causas relevantes a nivel social, como son el respeto a los derechos de la mujer y de los homosexuales, junto con otras de más larga trayectoria reivindicativa,  como la  del celibato opcional; enmarcadas todas ellas en una perspectiva de Iglesia más universal, de talante más evangélico y profético, atenta  a los “signos de los tiempos”.

 

Ajustes en la dinámica de la campaña.

 

   Tras la constitución de IMWAC en noviembre de 1996, la campaña cobra un nuevo impulso en nuestro país. Se inicia en el marco de una reunión en Madrid, celebrada en diciembre de ese año, a la que acuden alrededor de cincuenta representantes de colectivos de Iglesia (comunidades, parroquias, asociaciones...).

  

   En ese encuentro se revisa el proceso hecho hasta ese momento, reafirmando el interés que tiene su continuidad. Para ganar en eficacia y lograr un mayor grado de identificación con la iniciativa, los allí reunidos decidimos realizar los siguientes ajustes en la dinámica de la campaña:

 

   1) A partir de enero de 1997 el documento de los cinco puntos se difundiría como documento-base, con el objetivo principal de animar el debate, incluso por delante del objetivo de recoger firmas. No era tan importante la adhesión, como el conseguir que se reflexionara y dialogara sobre sus contenidos. Se trataba de ir recogiendo nuevas expresiones, matices y comunicación de experiencias con las que más adelante hacer un documento más completo e integrador. Esta sería nuestra aportación específica al Movimiento Internacional Somos Iglesia (IMWAC).

 

   2) También se decidió planificar la campaña con una perspectiva a tres años, hasta finales de 1999, de manera que el proceso de difusión y debate pudiera ir extendiéndose poco a poco, respetando diferentes ritmos y prioridades. Tras ese periodo de tres años, habría que evaluar y decidir el camino a emprender en una etapa posterior, si esto tuviera sentido llegado el momento.

 

   3) A nivel internacional Somos Iglesia había adoptado el calificativo de Movimiento, pero esta palabra, en nuestro contexto, tenía resonancias que no encajaban bien con las necesidades sentidas. Por eso se prefirió adoptar el nombre de Corriente Somos Iglesia, queriendo significar con el concepto “corriente” la idea de un proceso de comunicación y de relaciones muy libre, abierto y descentralizado, con una estructura y aparatos de coordinación mínimos y funcionales, para un periodo limitado.

 

   4) Se trataba de hacer un proceso que complementara la labor de las organizaciones y redes ya existentes –sin ánimo de sustituirlas, ni de apartar a nadie de su trabajo cotidiano-, aportando instrumentos de identificación (el Manifiesto, las declaraciones públicas...), de comunicación (el Servicio de Comunicación de la Corriente Somos Iglesia, una página mensual en el periódico Alandar, una página web...) y un nuevo espacio relacional unidos en un espíritu común, pero amplio y plural en sus formas, lenguajes y modos organizativos.

 

   5) Más que un colectivo nuevo, Somos Iglesia debía ser un espíritu que animara la convergencia de colectivos cristianos críticos, en la línea de construir una amplia red de colaboración. En tanto que espíritu, Somos Iglesia sería de todos los que con él se identificaran y de ningún colectivo en particular.

 

   6) Por último, fue unánime el acuerdo de que esta expresión debía hacerse con tono firme y sereno, dirigiéndonos a la raíz de los problemas, pero sin descalificaciones personales, dando cauce no ya a una sola voz que hablara por todos, sino a muchas voces que pudieran decir su palabra, comunicando con libertad su experiencia comunitaria y de fe.

 

Presentación de firmas en el Vaticano.

 

   En octubre de 1997 se realiza en el Vaticano -con presencia de 500 personas de distintos países- la entrega de un acta notarial certificando la recogida de millones de firmas respaldando el Manifiesto. La delegación no fue recibida por ningún obispo –pese a haberlo solicitado con antelación- y tuvo que sufrir el acoso y la intolerancia de la policía italiana y de los servicios de seguridad de la Santa Sede. Los asistentes tuvieron que celebrar la eucaristía en la calle, en las inmediaciones de un mercado. Incluso una oración prevista en el interior de la iglesia San Pablo Extramuros tuvo que ser realizada fuera, pues el abad de dicho templo recibió -de más alta instancia- la orden de impedir aquella liturgia, habiendo dado ya su permiso.

 

   Hay que hacer notar que estas acciones, lejos de significar la búsqueda de aprobación formal por parte del Vaticano, respondía a la necesidad de que se escuchara esta voz de Iglesia que no está reconocida por las instancias eclesiásticas oficiales. La entrega de firmas y los actos que completaron la acción marcaron un hito en una primera etapa de la campaña a favor de las reformas en la Iglesia Católica Romana occidental.

 

   En el Estado español, a comienzos del otoño de 1997, se habían recogido alrededor de 15.000 firmas que contribuyeron a engrosar los millones que se presentaron en el Vaticano. Pero, más allá del número de firmas, se habían conseguido unos resultados cualitativamente interesantes: reanimar un conjunto de preocupaciones, crear un nuevo ambiente de reflexión y debate, conectar a un buen número de personas y colectivos y obtener aportaciones al Manifiesto.

 

   Pese a todas las dificultades, las personas y colectivos conectados al Movimiento Internacional Somos Iglesia (IMWAC) han ido extendiendo y articulando ese espíritu de renovación, animando la esperanza de millones de católicos de todo el mundo y suscitando el interés de personas que se habían alejado de la Iglesia o que la han mirado siempre con temor y sospecha.

 

1998: Iglesia y Derechos Humanos.

 

   “Por una iglesia consecuente con la defensa de los derechos humanos” fue el lema que adoptó el nuevo manifiesto –esta vez ampliado a diez puntos- que la Corriente Somos Iglesia puso en circulación a principios de 1998, año en el que se conmemoraban los 50 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La idea central de esta nueva campaña era que el compromiso de la Iglesia con los Derechos Humanos y su aportación al cambio social para dignificar la vida de todos los hombres y mujeres del  mundo exige un esfuerzo de coherencia interna en el mismo sentido.

 

   La experiencia de lanzar un nuevo manifiesto se circunscribía al ámbito del Estado español y formaba parte de una forma de trabajo, basada en un proceso de difusión / debate / recogida de aportaciones / elaboración de nuevos documentos. Aún siendo un manifiesto propio del Estado español sería con el tiempo adoptado también por otros grupos europeos y latinoamericanos. Este segundo Manifiesto no se oponía al primero, sino que lo completaba y lo desarrollaba.

 

   En este documento se incluían nuevos puntos, fruto de los aportes hechos al primer Manifiesto, entre ellos los relativos al compromiso con los pobres y oprimidos, la importancia de la inculturación, el compromiso con la defensa de la naturaleza, el ecumenismo y la convergencia con todos los que trabajan por la justicia social y los derechos humanos.

 

   El manifiesto de los diez puntos ha sido el documento-base para el periodo 98-99, contribuyendo, como lo hiciera el primero, a seguir animando el proceso de reflexión, debate y convergencia de múltiples colectivos cristianos. El eje común es una manera de entender y construir la Iglesia y la preocupación respecto a las consecuencias que esto tiene de cara al papel de los cristianos y de la Iglesia católica en la sociedad.

 

   A lo largo de estos años, fueron madurando convocatorias locales, que impulsaron la relación y coordinación entre personas y grupos de Iglesia, dando pie a un fortalecimiento de la autonomía y el protagonismo de los diversos colectivos y organizaciones de base. Como expresión del recorrido efectuado, en noviembre de 1998, realizamos unas jornadas estatales en Madrid, bajo el título “Abriendo cauces a la esperanza”. Nos reunimos alrededor de doscientas personas de diferentes lugares del Estado, para debatir sobre el modelo de Iglesia al que aspiramos y el papel de la Corriente Somos Iglesia para avanzar hacia él.

 

 

2º MANIFIESTO DE LA CORRIENTE SOMOS IGLESIA

(Enero de 1998)

 

“Por una Iglesia consecuente con la defensa
de los Derechos Humanos”

 

   Nosotros y nosotras, hombres y mujeres que nos sentimos parte de la Iglesia de Jesús nos unimos a todos aquellos que en 1998 celebran el 50 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

   Desde la Fe en el Evangelio trabajamos cada día para que nuestra Iglesia se entregue plenamente a la defensa de la dignidad humana, pero en ella todavía existen Instituciones, normas y comportamientos que contradicen tal compromiso.

 

   A esta celebración queremos aportar un decidido esfuerzo por seguir construyendo una Iglesia consecuente con la defensa de los Derechos Humanos. Por tanto, como cristianos y cristianas nos comprometemos a seguir construyendo: